Tres veces pasó el farsante detrás del manto que todo lo cubría,
siete veces gritó un gato y se mordió sus manos...
Y el aullido del perro fue como el ladrido de un triste lobo,
los cuchillos se clavaron en el blanco y la ciudad explotó entera.
Tres veces nació el tormento que aprendió a disfrazarse de amanecer,
siete veces dejó el reloj de mover sus agujas para escuchar lo inaudible...
Entonces ya no hubo a quién reclamar nada,
un crujir de huesos se dejó ser...
Lola Kiayes.
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L.K.F