I
Tres pájaros blancos, una mente negra, espíritu gris que permanece callado; tres pájaros en el cielo, volando lejos, cerca el uno del otro y separados de muchas otras aves.
Tres pájaros blancos volaban aquella noche de tormenta, volaron y se perdieron en el agitado cielo que abrió su boca inmensa, para tragarlos de un bocado, para consumirlos, para marcar presencia sobre las demás aves. Como mostrando lo bueno y lo malo del mundo, como mostrando el peso nulo que ejercemos.
Nubes enormes se movían como masas aplastantes sobre un mar de gente que llora, nubes solitarias formando un todo que no era nada. Mil pensamientos pasaron aquella noche sobre las tres aves blancas, y ninguna sabía de las otras, ni de sus pensamientos turbios que rasgaban profundo esas alas blancas. Algo anunciaba otra cosa, otro suceso extraño, algo traía augurios de semillas viejas y ya repetidas, ya conocidas por siglos y siglos de tiempo, sí, de tiempo.
¿Qué sucede?, ¿porqué volaban los pájaros en una noche hacia el este? Tres pájaros blancos, un pájaro viendo, dos aves mirando, un alma turbia y fría en una noche oscura. ¿Porqué volaban tan juntos, en una noche, dos aves del día?
Así pasaron los días, como sigilosos, rasgándolo todo, con las implacables garras del tiempo, así se fue el invierno y vino el verano lluvioso, verano de pocas risas.
Decisiones importantes debían de ser tomadas, nadie esperaba, nadie regalaba ni prestaba un solo segundo de sus vidas, ni una pluma de sus falsas alas. Decisiones con falsas certezas, con falsas palabras y por falsos caminos. Esa noche podría jurar que sentimos frío.
Basta de releer si el tiempo pasa, basta de mirar y no ver lo que ya está perdido. Basta del mundo de las hadas mágicas, basta de piedad, basta de llantos, basta de risas, basta de ser… Todo debe de cesar, ya mismo, debe de cesar y congelarse, quedarse allí, para ser corroído, para ser suprimido.
Así se separaron en una noche tres aves blancas, aparentemente blancas pero de alas negras, aparentemente aves pero siempre en tierra. Cuando la pena, entonces, golpee tu puerta, no abras, no gastes impulsos en abrir u ocultarte, pues estará allí dentro en el peor instante.
Como vinieron nubes, se fueron nubes, como vino la noche, se fue la noche, y hoy quedó esta niebla que se agita densamente sobre los miserables ojos, yendo en busca de los agujeros llenos de aire.
Tu silencio y el del honorable valen lo que valen mis mil y una respuestas de la vida, lo que no vale mi mundo lo que no valen mis días. Tengo el pensamiento ofuscado y se traban las palabras que deliran, aves blancas siguen pasando, aves que no tienen alas, alas blancas con aves negras, aves blancas sin alas, aves blancas con alas grises, aves, aves y todo un día.
II
Vientos fuertes soplaban de un camino no elegido, bañado en cloacas de palabras de ayeres perdidos, vientos evasivos, vientos compulsivos, vientos y más vientos. Ayer por la tarde comenzó todo, el mundo quiso gritar y aún no ha podido, Edmundo quiso hablar y aún no ha comprendido, el mundo cesó y nadie lloró.
Desde los claros instantes rotos llega la pena inesperada, de los claros reflejos del futuro aún no han venido a buscarme para augurarme algo mejor, aún no han venido, pero han venido a cobrarme lo poco que debía, lo poco que he pagado es ahora mucho. Poca la rendición, largo el camino, dolorosa la vida que promete ser río.
Las estrellas no brillaron a lo lejos, las estrellas no brillarán. ¿Cuál es tu casa?, ¿cuál es?, las estrellas no brillaron y no brillarán en estas noches venideras.
Entre moscas inmundas con sus alas rotas, entre moscas miserables que hacen resurgir el aire enviciado, así, así estaba yo en aquellos sitios.
III
Como desesperadas partieron las horas, dejando tras de sí un hilo invisible de cuerpos tendidos, las minúsculas del tiempo perdido.
El pasto siguió verde, las flores aún vivieron, el sol aún salía, pero algo cambió en aquellos días, dos hilos gruesos de cuerpos tendidos y las malas compañías. Todos los años, llenándonos de culpa y agregando dolor, queriendo morir sin lograr hacerlo, queriendo existir y no existiendo, creyendo ser alguien y no siendo nada. Días de contemplación, días inmensos, largos como dolores de mil cerebros.
Hoy ya no es el momento, habría que partir lo antes posible. Los ruines que sobrevuelan el mundo ya se acercan y acechan felices en permanente espera. Hoy ya no es el momento, hoy nadie querrá hablarme, me mirarán de lejos, me mirarán de cerca, nadie querrá vincularse con mi existencia.
¿Dónde termina la noche? Preguntas irrepetibles que hieren profundamente el interior conciente, los pájaros blancos nunca cantaron, soñaron quizá alguna vez hacerlo, soñaron con cantar pero sólo salió de ellos una carcajada pueril que hizo estremecer hasta el más valiente. Esos pájaros no cantarán, no están hechos para eso, ellos no pueden cantar porque no es de su naturaleza hacerlo, no nacieron como semillas del sonido, han nacido en oposición y para orgullo de otros dioses.
IV
Cosas extrañas en esta aparente vida, todo se inclina hacia abajo, como un túnel profundo que desciende, no tiene fin, no tiene nombre, pero es lo mismo allí abajo que arriba, es lo mismo, no hay grandes diferencias, sólo es cuestión del espacio, del orden, pero es lo mismo, todo exactamente igual, sin importancia. Cosas extrañas que conocemos y no queremos recordar. Miradas que se cruzan con las nuestras, miradas que se cruzan buscando repuestas que no han de encontrar.
Ayer no tuvo sentido vivir, en el día anterior creo que tampoco lo tuvo, hace una semana atrás recuerdo el mismo sentimiento, y hoy, hoy no ha cambiado, nada ha cambiado en cuanto a eso, ni tampoco ha habido cambios en cuanto a la dirección de los vientos.
Otro par de seres vienen desde lejos arrastrándose en silencio, con sus cuerpos sudados y sus manos rotas, se arrastran sin rumbo fijo y caminan por senderos sin salida. Quizá caminen por el gran sendero circular que todo lo une y todo lo consume, quizá no salgan de allí sin formar parte de nuevos círculos, uniéndose con otros círculos, con nuevas miserias de espíritus jadeantes. Así, con la pena enorme de nunca poder dejar de ser, aunque no sean nada, son algo, forman parte de algo, como esclavos eternos atados a sus cadenas, como esclavos sin esperanzas de liberarse, así, con la prisa idiota y el esfuerzo vano. Todos aquí estamos.
V
La alegría de no ser no nos ha de tocar, y nos ha de doler por toda la eternidad que sólo existe, al parecer, para los males. Sólo eternidad en los dolores, sólo eternidad de melancolías, sólo eternos recuerdos, sólo eternos e inventados días.
El almanaque del mundo se ha puesto en mi contra. Hoy ni siquiera puedo reconocerme entra tantas fechas, tantas cosas creadas para esclavizar, nosotros mismos, esclavos de nuestras pestilencias. Irreconocible está mi rostro, tan lleno de nada y ten lleno de miradas, irreconocible. El despertar de la noche nunca vendrá.
Un pie enorme se está conteniendo, espera ansioso para ejercer su peso, un pie que no dejará a nadie vivo, pero dejará cosas, dejará algo, y no nos salvaremos de la pena de ser, y la alegría de no ser no llegará ni con este pie gigante que aguarda en todas partes. ¿Qué función cumplimos en este mar de penas?, ¿ser penas con nombres?
VI
Las hojas de los árboles se mueven juntas como imperios de desolación, arrastrados por un viento que amenaza con destruirlos para siempre. Un sol negro saldrá hoy por el oeste y se ocultará allí mismo, trae consigo la luz de la noche y peligrosos males, los árboles caerán rendidos ante esta luz y pasarán a formar parte de sus colonias. La luz del este ya no habrá de existir en estos pagos, la lejanía del día se hará mayor y nosotros moriremos bajo este velo de tierra y de flores marchitas.
Mañana ya no importa porque ayer todo estaba perdido y hoy nada nos queda, apenas algunas palabras que viajan en la densidad de esta atmósfera. Hoy nadie se atreve a mirarnos detenidamente, causamos repudio porque estamos perdidos y da lo mismo si vivimos aquí o si vivimos allá, porque en realidad esto es sólo un decir y nada más. Mañana ya no importa porque no llegaremos al mañana, mañana ya no importa porque no existiremos, mañana ya no importa porque somos una masa aglomerada de egoístas, mañana no importa. No llegaremos.
Quizá podríamos ahora estar salvados si hubiésemos tomado el sendero de las rosas con espinas, pero nos engañó el perfume de aquellas aparentes rosas no dañinas, y caímos engañados, nos adentramos en el camino y perdimos la salida. El perfume de las flores fue un narcótico que adormeció el pensamiento…Quizá podríamos haber tomado el sendero de las rosas con espinas. Pero ya no.
VII
Seres inmundos, desconocidos, ignorantes, seres que causan la ruina. No merecemos nada y merecemos todo, sentimientos opuestos se entrecruzan, y el después…nada hay que dejar para después.
VIII
Desventuras enormes, calles vacías, penumbras que se enmarañan constantemente entre las plumas de los pájaros caídos. Seres de otras tierras, deslizándose como serpientes por el suelo, buscando atacar y dar el golpe, buscando exterminarnos despacio para que vayamos sufriendo poco a poco, para consumirnos gota a gota…
IX
No, quien te ha dicho que las plumas de aquellas aves eran blancas te ha mentido, aquellos que dijeron que podrías volar por estos aires sin caer en tierra también te han mentido, te han engañado de manera cruel, despiadada, como un asesino desesperado y ansioso por cometer su crimen. Nos han engañado a todos, no nos han dado lugar para la risa, nos muestran imágenes falsas de un mundo irreal que en nada se parece al nuestro, la imagen de bellas plumas, no de plumas negras, no de pumas grises, no de nuestras plumas. No nos muestran la imagen viva de nuestros despellejados cuerpos desplumados. Quien te ha dicho que las plumas existen te ha mentido, quien te ha hablado de las aves se ha reído de ti.
Lola Kiayes Ferowar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
tu comentario es muy importante para ayudar a que este blog mejore, escribe uno. gracias.
L.K.F